sábado, 8 de junio de 2013

Misa de seis.

0 ya comieron. Va usted

Cuento

Entre velas, responsos y cantos han dado las seis y media. Como los domingos la misa de seis de la tarde es la más concurrida, y mi concepto de puntualidad me impide llegar unos minutos antes, no he tenido más remedio que quedarme en la puerta, junto a una jardinera rebosante de hierbas silvestres que podo inconscientemente con los dedos.

Common Wasp

Las actividades de la semana y los pendientes de la casa me impiden concentrarme en lo más mínimo, y comienzo a sentir una desesperación creciente, que trato de frenar cambiando de postura, cuando advierto que mi pie derecho está sobre un pequeño charco de agua lodosa, negra, semicubierto por las hojitas que arranqué durante las lecturas. Pequeñas avispas negras sobrevuelan el pantano en miniatura.

Disimuladamente trato de mover mi pie, pero una fuerza extraña me retiene. No tengo más remedio que quedarme donde estoy, ya después intentaré de nuevo.

El sacerdote inicia el rito de la consagración y cierro los ojos maquinalmente, tratando de no pensar en nada.

La campanilla, que el acólito parece querer destrozar con bruscos vaivenes, me hace abrir los ojos, para descubrir que el charquito es ahora un inmenso manglar, y que a mi lado hay una avispa poco más que gigante.

Ni siquiera he podido comprender nada cuando otra avispa, que no había visto antes, se acercó a mí, y comenzó a frotar sus antenas contra mis...

¡Alas!

Casi cuarenta años de vida, miles de libros leídos, viajes, estudios, convertidos ahora en lo que soy: una avispa... ¡Una a-vis-pa!

No tengo más remedio que aceptar mi nueva condición y volar -¡habíase visto cosa igual!- junto con las demás avispas rumbo a un panal completamente desconocido, no sin antes posarme en alguna flor y libar un poco de néctar que, por cierto, sabía a jugo de naranja.

La vida en el panal está llena de trabajo, pero también está llena de conocimientos y experiencias. Allí aprendí a alimentar larvas, a construir celdas, a distinguir entre las avispas de casa y las extrañas; aprendí a diferenciar las flores con polen de las que no lo tienen, a clasificarlas por colores, formas, aromas y tamaños, y descubrí que las hojas, al caer en charcos-pantano como el de mi desgracia -o dicha-, se cristalizan, expelen sus nutrientes y se desintegran poco a poco, pasando a formar parte del charco, del cual las avispas obtenemos alimento y materia prima para hacer nuestros panales.

Aprendí también el lenguaje de las avispas, con el que informaba de algún descubrimiento que fuera útil a la comunidad.

Una tarde, mientras alimentaba a una pequeña larva recién salida de su huevecillo, haciéndola que metiera su cabecita en mi boca para que ingiriera los jugos que yo regurgitaba especialmente para ella, se me acercó una avispa joven y, observando atentamente mi labor, me preguntó con inocencia:

-¿Por qué haces eso con ella?

Su pregunta no me extrañó porque yo ya sabía la respuesta: esa era mi labor.

-Pero, ¿por qué a ella?

Esta pregunta no me la esperaba, y me atrevo a decir que me desconcertó.

-Pues porque... porque es como si la conociera de toda la vida.

Yo mismo me sentí extrañado por mi respuesta, pero la joven avispa se alejó satisfecha.

Terminada mi labor, con mis antenas acicalé a la pequeña larva y caminé hacia mi celda, pensando todavía en lo que dije: “como si la conociera de toda la vida”.

La frase me produjo un desasosiego terrible, que no hubiera soportado mucho tiempo, aunque amenazaba con aumentar durante la noche.

Apenas estaba acomodándome, cuando un escalofrío me recorrió de antenas a patas. Luego un sonido espantoso, como de centenares de martillos golpeando en sendos yunques, me hizo abrir despacio los ojos, con miedo.

De improviso me sentí en posición vertical. Traté de mover las alas sin conseguirlo, y con las antenas obtuve idéntico resultado. Pero al mirar con detenimiento el ambiente, y escuchar una voz cansada que decía “este es el sacramento de nuestra fe”, comprendí que otra vez era yo, el viajero, el lector, el poeta, el feligrés, el loco, el hombre...

Por cierto, si algún día me encuentran en la calle oliendo flores, brincando, moviendo los brazos y haciendo gestos, no crean que he perdido la razón, es que me he encontrado a una vieja amiga, y estamos platicando, como si la conociera de toda la vida.

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Este cuento fue escrito el 4 de marzo de 1997, y vio la luz primera el 8 de mayo de 2013, en el Suplemento Cultural ‘El Coco’

lunes, 20 de mayo de 2013

¿Esto es verdad o mentira?

0 ya comieron. Va usted

Cada vez que llega a mis manos información acerca de algún producto nuevo, de las maravillosas propiedades curativas de algún alimento o sustancia, o de los planes de tal gobierno o empresa por aumentar su poder, acostumbro contrastar dicha información, antes de expresar cualquier opinión, sea ésta positiva o negativa.

Y casi siempre encuentro que, cuando lo dicho es falso, presenta ciertas características que lo revelan así. Las detallo a continuación, usando como ejemplo esos mensajes que tienen años circulando por el internet.

1.- Ambigüedad. "Prestigiosos científicos de una reconocida Universidad europea". Habla de todos y de nadie. Sería lo mismo que decir "alguien, por ahí".

Cuando un grupo de científicos logra un descubrimiento, no lo da a conocer al mundo ocultándose en el anonimato. Es precisamente su nombre y el nombre del Instituto que respaldaron esa investigación, un punto extra en la veracidad de los resultados. Además del prestigio que adquieren con su descubrimiento, que les permitirá seguir con sus investigaciones.

Antes de creerlo, pregúntese ¿Quién? ¿Cuándo? ¿En dónde?

2.- Sensacionalismo. "Han descubierto por fin la verdadera cura para el cáncer". Generalmente, el descubrimiento es algo que revolucionaría la vida actual de los seres humanos y que, generalmente, son enfermedades o malestares que aquejan a algún conocido o familiar.

La ciencia tiene sus propios medios de difusión. Y no son blogs o correos en cadena. Generalmente, los científicos dan conferencias, presentan sus investigaciones por escrito, y estas a su vez son sometidas a nuevos análisis, antes de llegar al común de la población. Y esto lleva años. Una verdad científica no se trata a la ligera.

Antes de creerlo, pregúntese ¿Quién lo dijo? ¿En dónde está esa información? ¿Quién lo avala?

3.- Conspiranoia. "Pero las grandes farmacéuticas y los gobiernos no quieren que se sepa". La frase por sí misma contiene una alerta de falsedad del tamaño de África, aunque muchos lo den por cierto.

El control que tienen los particulares económicamente fuertes sobre los descubrimientos científicos no es tanto como el que, paradójicamente, ejercen los grupos antigubernamentales sobre la población. Como ejemplo está el caso de las vacunas. Si fuera cierto que los corporativos internacionales estuvieran engañando a la población, nos tendríamos que vacunar año tras año contra el sarampión, la viruela, la polio y otras enfermedades más. Lo que sí es cierto es que, a raíz de las campañas orquestadas por gente como Andrew Wakefield, que aseguran que las vacunas traen más daños que beneficios, en muchos países están volviendo a surgir enfermedades que ya se daban por eliminadas.

Los gobiernos, por su parte, buscan evitar una epidemia que salga de su control y genere una crisis económica y social que no puedan controlar. Por lo que resulta descabellado imaginar que son ellos los que quieren una población enferma. Pero que es Estados Unidos el que quiere debilitar a los demás países... No lo necesita, tampoco. Tiene bastante injerencia en el petróleo, las armas y el comercio internacional como para ocuparse de eso.

Antes de creerlo, pregúntese ¿Cuándo se supo esto? ¿Cuándo lo ocultaron? ¿Quién se beneficia con el secretismo?

4.- Simplicidad. "Y usted tiene el remedio en su propia cocina". Es ilógico pensar que los productos que consumimos habitualmente -sal, azúcar, manzanas, limones, carbonato, uvas...- nos curen de tantas cosas de las que no nos curaban antes de este descubrimiento. Como si les hubieran avisado apenas que tienen que volverse sanos y curativos.

Cuando la alquimia era usada principalmente para convertir la tierra en oro, la gente utilizaba plantas para mejorar su salud. Con la evolución de la ciencia, se han llegado a sintetizar las sustancias presentes en dichas plantas para administrarlas de una forma más eficaz y controlada. Y se crean nuevos compuestos y se analizan nuevos usos. Existen, es cierto, plantas que por sí solas nos ofrecen el remedio para algunos malestares. Pero son minoría. Y muchas también nos ocasionan nuevos malestares.

La ciencia refina el conocimiento empírico, haciendo de éste un conocimiento científico. Aprender cómo funciona cada componente para entender por qué actúa de tal forma todo el compuesto. Y las variantes que existen por las diversas combinaciones de dichos componentes. Ya sea en un fármaco, en un algoritmo, en un programa computacional o en el universo mismo.

Antes de creerlo, pregúntese ¿es verdad que M contiene N, y que N hace P? ¿Existe otra forma de encontrar N, además de esta que me presentan? 

Conclusión.

Generalmente, cuando una información es mentira, no responde satisfactoriamente a estas preguntas. Quedan lagunas. Lagunas que, generalmente, la verdad de la Ciencia sí responde. O intenta responder de la mejor forma posible.

Al buscar una verdad ulterior, la Ciencias se apoya en las verdades ya existentes, para refutarlas o para reafirmarlas. Y son todas estas verdades las que construyen La Gran Verdad a la que la Ciencia quiere llegar.

jueves, 4 de abril de 2013

El Pastor es mi Señor

0 ya comieron. Va usted

El pastor es mi señor, nada me falta.
En prados de fresco cilantro me hace reposar,
me adereza con salsas tranquilas
y separa las grasas.

tompotacos

Me guía por el comal justo,
haciendo honor a su nombre.
Aunque pase por aceite tenebroso,
ningún tamal temeré,
porque tú estás conmigo.

Tu sal y tu adobado me dan seguridad.
Me preparas un banquete
enfrente de mis enemigos,
adornas con cebolla la cabeza
y mi vaso rebosa.

Tu col y tu frijol  me acompañan
todos los días de mi vida;
y habitaré en la panza del señor
con labio y sesos.

Ramen.

Hace tiempo estuve buscando esta “versión” del Salmo 23, pero hasta hoy no la había encontrado.

Para los que nos visitan de Extranjia, sépanse que acá, en tierras mexicanas (voy a pecar de excesivo, pero voy a explicar todo, para que no haya confusiones), con la masa hecha del maíz se preparan las tortillas, que son planas y redondas. Cuando un guiso se sirve dentro de estas tortillas, se le llama taco. De entre los muchos ingredientes que se acostumbran, está la carne de res en sus diferentes presentaciones. Una de estas es la llamada “al Pastor” que consiste en sazonar –o adobar, según la región- bisteces, y ponerlos unos encima de otros, ensartados en una varilla, culminando este acomodo con una piña (o ananá), cruda y pelada. Para cocinarlo, se coloca verticalmente en una base, que tiene el fuego, de carbón, a un lado, y que permite ir girando el trompo lentamente, para ir cociendo la parte exterior del mismo. Conforme va quedando cocido, el taquero va cortando las puntas que ya están listas, dejándolas caer sobre la tortilla, y adornando esto con un pequeño tajo de la piña que se está cociendo arriba, y que va soltando sus jugos, para bañar la carne.

Este último punto, el de la piña, más que para dar sabor es para presumir un poco, ya que lo interesante del asunto es que el señor taquero haga caer el pedazo de piña en el taco sin acercarlo a la piña. Y no, no es necesario que le aplaudan. Tampoco es para tanto. Pero sí desconfíen del taquero que no lo haga. Y desconfíen más del taquero que no le ponga la piña al trompo. Porque eso sí debería ser castigado con cárcel.

Eso sí, los tacos al pastor se acompañan con agua de horchata, que se prepara con arroz molido y azúcar y hielo y esas cosas ricas. Algunos les ponen fresas. Otros, le ponen colorante rosa y sabor fresa.

Por lo pronto yo me ret… ¿qué? ¿La receta de los tacos? este… ¿y la del agua? ammmmm… ¿Cuál salsa? ¡Ah! La que se le pone… No, señora, yo no soy taquero… No. No hay de sesos. ¡No! Tampoco de tripa.

A ver, vámonos entendiendo. Yo no soy taquero. Yo no conozco a ningún taquero. A estas horas no hay tacos. Y no, éste no es un blog de cocina.

Si quieren la receta, vayan con Pily, que ella es la que se sabe hartísimas recetas de la cocina mexicana.

Yo nada más estaba hablando de los tacos al pastor por la versión que hice del salmo 23.

No, señora, no le presto la cocina.

Y ya me voy, porque hace hambre.

lunes, 1 de abril de 2013

Raspado, y agitado.

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Versión de la polka Las Bicicletas con Mariachi y letra.

Pedaleando bicicletas ajenas.

Y no me refiero a andar magreando a las novias-esposas de los amigos.

Me refiero a que, a pesar de que el ciclismo es para mí el mejor deporte del Mundo Mundial, ni tengo bicicleta y, según los médicos, no debo andar en bicicleta. Pero vámonos por orden.

Desde siempre me ha gustado andar en bicicleta. Esa fragilidad, ese saber que todititito el control está en tus manos, ese viento en la cara, esa libertad de sentir que vas casi volando, esos batacazos contra el suelo, esas ancianitas que se te atraviesan… Además de, claro, hacer ejercicio, no contaminar, no ocupar mucho espacio, y esas cosas tan bonitas por las que todo el mundo, menos los verdaderos ciclistas, se preocupan.

En octubre de 2001, mientras trabajaba, sufrí la dislocación de la rótula derecha, no tuve rehabilitación, y me acostumbré a hacer más esfuerzo con la rodilla izquierda. Pero resulta que el motivo de la dislocación es que los huesos de mis rodillas están más desgastados de los lados externos. De ambas rodillas. Así que, en cualquier momento, puedo sufrir la dislocación de la izquierda. Qué locas, ¿no?

Luego de muchos años (prometo no extenderme demasiado en la narración de mis pesares porque, aunque este es un blog personal, pues no se trata de estarles contando solamente mis asuntos de la salud, que no hay que ser. Pero bueno, me desvío.) en los que no hice nada por atenderme las rodillas, me sometí a una operación correctiva, ya que resultaba molesto para mí y para los que me acompañaban, que cada vez que subiera una escalera, las rodillas me sonaran como bolsa de papas fritas.

Pasó, pues, la operación, y vino la rehabilitación. Una rehabilitación que no pasó de dejarme como estaba antes de la operación: apto para caminar. Eso sí, sin ruido. Pero la parte en la que caminaba por horas, o corría como alma que lleva el diablo, o trepaba bardas, como las golondrinas de Becquer, esa no volverá.

Ahora, con dos vástagos que gustan de andar en bicicleta, vuelvo un poco a las andadas –rodadas queda mejor- y agarro la bicicleta del mayor y pedaleo por unos diez minutos. No más, porque mi puerquecito me grita que me baje, y porque mi hijo también. Me resulta más fácil quitarles la Wii que la bicicleta. El menor me la presta, pero realmente no es lo que acostumbro.

El día de hoy fuimos a la Unidad Deportiva Plan de Ayala, o Parque San Rafael, como es más conocido. En esta unidad está habilitada una pista de BMX así con sus cerritos y sus peraltes y toda la cosa. Yo, que soy muy macho, le arrebaté la bicicleta a mi hijo y, al grito de “THIS IS SPARTAAAAAAAAA!”, que cambió a “¡ECHEN PAJAAAAAAAAA!”, me aventé a recorrerla, así, sin calentar, sin conocerla… Ahora la conozco muy bien. Tiene una bonita vista a ras de suelo, y los árboles se miran lindos desde abajo… Pero esa es otra historia, ya se la contarán mis hijos a sus hijos: “jajajaja y el abuelo que sale y jajajajaja la bicicleta jajajajaja con las purititas nalJAJAJAJAJAJA… ais, el abuelo…”.

Así pues, estoy pensando en comprarme una bicicleta mía de mí. Para usarla yo. Y estoy indeciso. Mi presupuesto está más para seguir a pie, pero haré un esfuerzo y me compraré una, aunque sea usada. Y a plazos. Y barata. O regalada.

Mis opciones son: (las imágenes son meramente de ejemplo. No corresponden ni a marca ni modelo)

1- una bicicleta de montaña, sin suspensión.

bici 1

2- una bicicleta de carreras.

bici 2

3- Una bicicleta de cartero. O lechero. Sin cambios y con frenos de varilla. Y asiento de cuero y todo eso…

bici 3

Y este, señores, es mi propósito para este año. Y lo voy a cumplir, cueste lo que cueste. Y los dejo porque la espalda me está matando…

domingo, 17 de marzo de 2013

Decisiones, decisiones

0 ya comieron. Va usted

“Te tomas la cápsula azul, se acaba la historia. Despiertas en tu cama y crees en lo que sea que quieras creer. Te tomas la cápsula roja, sigues en el País de las Maravillas y yo te enseño qué tan profunda es la madriguera del conejo.”

Morpheus. The Matrix.

matrixpills

Cuenta la leyenda que hace algún tiempo, una joven salió de su casa, llegó a la esquina y se dijo: “¿me voy en taxi o en autobús? Si me voy en taxi no hay problema. Pero si me voy en autobús, hay dos posibilidades: que me vaya de pie o que me vaya sentada. Si me voy de pie, no hay problema. Pero si me voy sentada, hay dos posibilidades: que me toque junto a una mujer o que me toque junto a un hombre. Si me toca junto a una mujer, no hay problema. Pero si me toca junto a un hombre, hay dos posibilidades: que sea casado o que sea soltero. Si es casado, no hay problema. Pero si es soltero, hay dos posibilidades: que no quiera ligar conmigo o que quiera ligar conmigo. Si no quiere ligar conmigo, no hay problema. Pero si quiere ligar conmigo, hay dos posibilidades: que sea feo o que sea guapo. Si es feo, no hay problema. Pero si es guapo, hay dos posibilidades: que le diga que no o que le diga que sí. Si le digo que no, no hay problema. Pero si le digo que sí, hay dos posibilidades: que me invite a cenar o que no me invite a cenar. Si no me invita a cenar, no hay problema. Pero si me invita a cenar, hay dos posibilidades: que no me invite a bailar o que me invite a bailar. Si no me invita a bailar, no hay problema. Pero si me invita a bailar, hay dos posibilidades: que no me invite una copa o que me invite una copa. Si no me invita una copa, no hay problema. Pero si me invita una copa, hay dos posibilidades: que no me emborrache o que me emborrache. Si no me emborracho, no hay problema. Pero si me emborracho, hay dos posibilidades: que no lo bese o que lo bese. Si no lo beso, no hay problema. Pero si lo beso, hay dos posibilidades: que no hagamos el amor o que hagamos el amor. Si no hacemos el amor, no hay problema. Pero si hacemos el amor, hay dos posibilidades: que no me embarace o que me embarace. Si no me embarazo, no hay problema. Pero si me embarazo, hay dos posibilidades: que sea niña o que sea niño. Si es niña, no hay problema, pero si es niño, hay dos posibilidades: que no le gusten los videojuegos o que le gusten los videojuegos. Si no le gustan los videojuegos, no hay problema. Pero si le gustan los videojuegos sí hay problema, ¡porque a mí no me gustan los videojuegos! Así que mejor me voy en taxi.

Cuando tengo que tomar una decisión difícil, siempre recuerdo esta historia, porque considero necesario pensar a futuro en la repercusión de lo que decida. Y en las variables.

Algunas veces tomo, a pesar de todo, decisiones que son menos acertadas que otras. Y esas veces, viendo los resultados, pienso en la otra opción, y en lo que habría pasado si me hubiese decantado por ella. Pero también tomo decisiones acertadas. Y también pienso en el desastre que evité. Evito, también, utilizar el “hubiera”, porque dicen que no existe. Yo digo que sí existe, y que es el pretérito pluscuampenedejo del verbo “La cagaste Burt Lancaster”. (Porque Eluviera sí existe).

Decidir entre usar la camisa blanca o la negra, el pantalón nuevo o el que ya tiene seis meses, las botas de trabajo o los zapatos, puede ser fácil e irrelevante si voy a la farmacia. Pero, en cambio, si voy a ir a trabajar, o a una reunión de trabajo, se vuelve más complicado.

Y hay decisiones que afectan no sólo a mí, sino a otros que están junto a mí: familia, amigos, compañeros de trabajo. Es entonces cuando comienzan las dificultades. Porque no puedo pensar en mi beneficio cuando sé que habrá algunos que padecerán las consecuencias. Y busco la forma de minimizar los daños.

En estos días, estoy en una etapa de tomar decisiones. Ya lo venía planeando, pero ya estoy en el momento de tomar las riendas y dirigir yo al caballo.

Tal vez habrá algo de lo que al tiempo me arrepienta. Pero sé que, el día de hoy, en estas circunstancias, es lo mejor para la mayoría.

Se verán afectados muchos ámbitos de mi vida, pero los más importantes obtendrán los mejores resultados. Y retomaré muchas cosas que había dejado a un lado, por haber decidido tomar el camino que ahora dejo. Pero tengo la confianza en que la decisión que estoy tomando es la mejor. Y espero, sinceramente, que así sea.

Ya les contaré cuando suceda. Buenas.