miércoles, 3 de junio de 2009

Hermosillo, Sonora

Por cuestiones de trabajo, claro está, me vi en la necesidad de acudir presuroso a la ciudad de Hermosillo, en el norteño estado de Sonora.

Era tanta la urgencia, que el viaje se pospuso 10 días, para al final tener que viajara con unos simpatiquísimos trasladistas, que resultaron más preguntones que la policía secreta.

Lamentablemente, debido a la duración del viaje (24 horas, incluyendo un total de 5 por paradas técnicas y de descanso), tuve que departir con ellos más de lo que hubiera querido, y me vi en la penosa necesidad de crearme una historia más fantasiosa que los cuentos de J. K. Rowling.

Para no entretenerles con el cuento, en el que al final resulté casi dueño de la empresa, y con más canonjías que los gerentes, les platico que llegué a la ciudad, hice mi trabajo, que requirió de solamente tres horas tres, y de regreso a la Perla Tapatía.

Esto resulta así:

  • 24 horas de ida.
  • 3 horas de trabajo.
  • 26 horas de regreso.
  • Un dolor de espalda baja y posaderas terrible.
  • Una reuma espantosa en el brazo izquierdo por el aire acondicionado del camión.
  • Un hambre de los mil demonios por el alto precio de los alimentos y bebidas en las terminales de autobús, en las que sin piedad te ensartan todo tipo de alimento o bebida al doble de su precio normal en cualquier tienda.
  • Una baja en mis defensas que estoy pagando cara al día de hoy, con los ojos llorosos, la nariz roja y el estómago revuelto.
  • Y una foto, solo una de la ciudad de Hermosillo.

Que es ésta:

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Del viaje, también una, en la carretera Internacional, en donde nos paramos a desayunar:

DSC04888

(muy sabroso, por cierto).

Ah, y por si fuera poco, el Nextel y el celular, descargados por completo, luego de tanto tiempo de uso intenso y poca carga.

Regresando, más trabajo.

Y el domingo, a la Plaza Tapatía, al Festival de la Torta Ahogada, del que les hablo a continuación.

Suerte.

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