miércoles, 27 de enero de 2010

El que sigue

Intento ponerme al día, aunque no sé si pueda.


Este año lo comenzamos con noticias muy agitadas.  Desde la esperada -aunque no deseada- muerte de Roberto Sánchez (a.k.a. Sandro de América), pasando por los terremotos de Haití, y llegando a la agresión sufrida por el futbolista Salvador Cabañas.



La imagen me la piré de Día Fotos y Videos


En los últimos tiempos pasa algo muy curioso: todo es noticia de ocho columnas por dos horas, hasta que a alguien se le ocurre hablar de otra cosa.  Que se muere Sandro, sombra aquí y sombra allá Sandro aquí y Sandro allá. Que si no se casó, que era más viejo, que hacía play-back, que no bailaba...  Y aparecen canciones que no grabó, hijos que no concibió y su autobiografía no autorizada.


De pronto, se sacude la tierra y medio país caribeño queda en escombros.  Y ahí van, como moscas.  De repente hay más gente de los medios que rescatistas y médicos.  Y otra vez a desvariar: que muy pobres, que eran muchos, que si el sismo lo provocó Estados Unidos, que si fueron ellos por hacer pacto con el diablo, que si la ONU llegó para abrirle camino a Obama y compañía... y así, hasta el lunes por la mañana en que...


Disparan al futbolista Salvador Cabañas dentro de un Club privado.


Y el chisme, que no las noticias, comienzan a abundar.  El colmo de los colmos: una fotografía del futbolista herido, que ahora resulta que no es él.


Y el gobierno a cerrar bares y clubes.  Y los legisladores a pensar -ahora sí- en reformar las leyes.  Y todos a quejarse de la inseguridad.  A quejarse de los deportistas que se desvelan, a quejarse de las bailarinas cubanas, a quejarse del mal ejemplo, a quejarse de los que se quejan, a quejarse de los que se quejan de los que se quejan...


De repente a Kagar aparece el chiste malo. Que esa es otra historia.


Al final del día, ya nadie sabe qué pasó.  Se pierde la historia original entre otras historias que ya no tienen nada que ver.  Como cuando nos encontramos al compañero de clase de la primaria, del que sólo recordamos que se apellida Carmona y le decían "la Hamburguesa": Una conversación, dos interlocutores, ocho minutos, catorce temas.


1- ¿Cómo estás?
2- ¿Cómo está la familia?
3- Estado civil.
4- Descendencia.
5- Salud y enfermedades.
6- Fallecidos.
7- Estudios y empleos.
8- Actividad actual.
9- La crisis.
10- Corrupción.
11- Política.
12- Compañeros de generación.
13- Maestros.
14- Propuesta de reunión -que nunca llega-, intercambio de teléfonos y despedida.


Aunque en realidad no nos pudimos reunir porque perdí su teléfono.  Y también me acuerdo de Carlos, y de Diana, de Juan José, de Viridiana, de Susana, de Rubén, del Fello, de Otto y de Valeria.  Que por cierto no me han aceptdo en el Feisbuc.  Porque cómo hay gente que nomás no entra, y cuando entra es para jugar a la granjita.  Que me tienen el Timeline lleno de vacas rosadas, graneros a medio terminar y marranos extraviados.  Digo yo, ¿no podrán comprarse un lacito y amarrarlos?


Esteeee... 


Decía, pues, que me resulta enojante fustante frustrante ver tantas vacas encontrarme con esa decadencia de la información que, por tener la primicia, ni siquiera presenta noticias confirmadas.  Como que al día siguiente de la tragedia en Haití ya hablaban de más de cien mil muertos -sin haberlos contado-, y ahora se autoproclaman profetas y adivinos.


Eso sí, si quieres que el gobierno haga algo, las víctimas tienen que ser famosos, políticos, millonarios y/o empresarios.  Porque si eres Juan Pueblo, ya te cargó la chingada.


Suerte.

2 comentarios:

pelado1961 dijo...

Esa mala costumbre de los medios "informativos" es ya de nivel mundial.
Publican la noticia de un desastre y ya salen a buscar el próximo, porque parece que la mayoría de la gente tiene una memoria flash en su cabeza, en vez de un disco duro.

Necesitamos una tragedia cada día, algo que suplante rápido a la anterior.
Es una costumbre patética.

Va un abrazo, amigo.

Héctor Gutiérrez dijo...

@Pelado: así es. Se deveulve el abrazo.

Y lo peor es que parece que muchos usuarios, o lectores, son los que propician eso mismo...

Que mundo.