jueves, 4 de abril de 2013

El Pastor es mi Señor

El pastor es mi señor, nada me falta.
En prados de fresco cilantro me hace reposar,
me adereza con salsas tranquilas
y separa las grasas.

tompotacos

Me guía por el comal justo,
haciendo honor a su nombre.
Aunque pase por aceite tenebroso,
ningún tamal temeré,
porque tú estás conmigo.

Tu sal y tu adobado me dan seguridad.
Me preparas un banquete
enfrente de mis enemigos,
adornas con cebolla la cabeza
y mi vaso rebosa.

Tu col y tu frijol  me acompañan
todos los días de mi vida;
y habitaré en la panza del señor
con labio y sesos.

Ramen.

Hace tiempo estuve buscando esta “versión” del Salmo 23, pero hasta hoy no la había encontrado.

Para los que nos visitan de Extranjia, sépanse que acá, en tierras mexicanas (voy a pecar de excesivo, pero voy a explicar todo, para que no haya confusiones), con la masa hecha del maíz se preparan las tortillas, que son planas y redondas. Cuando un guiso se sirve dentro de estas tortillas, se le llama taco. De entre los muchos ingredientes que se acostumbran, está la carne de res en sus diferentes presentaciones. Una de estas es la llamada “al Pastor” que consiste en sazonar –o adobar, según la región- bisteces, y ponerlos unos encima de otros, ensartados en una varilla, culminando este acomodo con una piña (o ananá), cruda y pelada. Para cocinarlo, se coloca verticalmente en una base, que tiene el fuego, de carbón, a un lado, y que permite ir girando el trompo lentamente, para ir cociendo la parte exterior del mismo. Conforme va quedando cocido, el taquero va cortando las puntas que ya están listas, dejándolas caer sobre la tortilla, y adornando esto con un pequeño tajo de la piña que se está cociendo arriba, y que va soltando sus jugos, para bañar la carne.

Este último punto, el de la piña, más que para dar sabor es para presumir un poco, ya que lo interesante del asunto es que el señor taquero haga caer el pedazo de piña en el taco sin acercarlo a la piña. Y no, no es necesario que le aplaudan. Tampoco es para tanto. Pero sí desconfíen del taquero que no lo haga. Y desconfíen más del taquero que no le ponga la piña al trompo. Porque eso sí debería ser castigado con cárcel.

Eso sí, los tacos al pastor se acompañan con agua de horchata, que se prepara con arroz molido y azúcar y hielo y esas cosas ricas. Algunos les ponen fresas. Otros, le ponen colorante rosa y sabor fresa.

Por lo pronto yo me ret… ¿qué? ¿La receta de los tacos? este… ¿y la del agua? ammmmm… ¿Cuál salsa? ¡Ah! La que se le pone… No, señora, yo no soy taquero… No. No hay de sesos. ¡No! Tampoco de tripa.

A ver, vámonos entendiendo. Yo no soy taquero. Yo no conozco a ningún taquero. A estas horas no hay tacos. Y no, éste no es un blog de cocina.

Si quieren la receta, vayan con Pily, que ella es la que se sabe hartísimas recetas de la cocina mexicana.

Yo nada más estaba hablando de los tacos al pastor por la versión que hice del salmo 23.

No, señora, no le presto la cocina.

Y ya me voy, porque hace hambre.

1 comentario:

Unknown dijo...

Jajajajajaja!! Excelente! Tanto el "Salmo" como la reseña, muy bien explicada, valió la pena leerlo.
Saludos desde las Oaxacas!