lunes, 20 de mayo de 2013

¿Esto es verdad o mentira?

Cada vez que llega a mis manos información acerca de algún producto nuevo, de las maravillosas propiedades curativas de algún alimento o sustancia, o de los planes de tal gobierno o empresa por aumentar su poder, acostumbro contrastar dicha información, antes de expresar cualquier opinión, sea ésta positiva o negativa.

Y casi siempre encuentro que, cuando lo dicho es falso, presenta ciertas características que lo revelan así. Las detallo a continuación, usando como ejemplo esos mensajes que tienen años circulando por el internet.

1.- Ambigüedad. "Prestigiosos científicos de una reconocida Universidad europea". Habla de todos y de nadie. Sería lo mismo que decir "alguien, por ahí".

Cuando un grupo de científicos logra un descubrimiento, no lo da a conocer al mundo ocultándose en el anonimato. Es precisamente su nombre y el nombre del Instituto que respaldaron esa investigación, un punto extra en la veracidad de los resultados. Además del prestigio que adquieren con su descubrimiento, que les permitirá seguir con sus investigaciones.

Antes de creerlo, pregúntese ¿Quién? ¿Cuándo? ¿En dónde?

2.- Sensacionalismo. "Han descubierto por fin la verdadera cura para el cáncer". Generalmente, el descubrimiento es algo que revolucionaría la vida actual de los seres humanos y que, generalmente, son enfermedades o malestares que aquejan a algún conocido o familiar.

La ciencia tiene sus propios medios de difusión. Y no son blogs o correos en cadena. Generalmente, los científicos dan conferencias, presentan sus investigaciones por escrito, y estas a su vez son sometidas a nuevos análisis, antes de llegar al común de la población. Y esto lleva años. Una verdad científica no se trata a la ligera.

Antes de creerlo, pregúntese ¿Quién lo dijo? ¿En dónde está esa información? ¿Quién lo avala?

3.- Conspiranoia. "Pero las grandes farmacéuticas y los gobiernos no quieren que se sepa". La frase por sí misma contiene una alerta de falsedad del tamaño de África, aunque muchos lo den por cierto.

El control que tienen los particulares económicamente fuertes sobre los descubrimientos científicos no es tanto como el que, paradójicamente, ejercen los grupos antigubernamentales sobre la población. Como ejemplo está el caso de las vacunas. Si fuera cierto que los corporativos internacionales estuvieran engañando a la población, nos tendríamos que vacunar año tras año contra el sarampión, la viruela, la polio y otras enfermedades más. Lo que sí es cierto es que, a raíz de las campañas orquestadas por gente como Andrew Wakefield, que aseguran que las vacunas traen más daños que beneficios, en muchos países están volviendo a surgir enfermedades que ya se daban por eliminadas.

Los gobiernos, por su parte, buscan evitar una epidemia que salga de su control y genere una crisis económica y social que no puedan controlar. Por lo que resulta descabellado imaginar que son ellos los que quieren una población enferma. Pero que es Estados Unidos el que quiere debilitar a los demás países... No lo necesita, tampoco. Tiene bastante injerencia en el petróleo, las armas y el comercio internacional como para ocuparse de eso.

Antes de creerlo, pregúntese ¿Cuándo se supo esto? ¿Cuándo lo ocultaron? ¿Quién se beneficia con el secretismo?

4.- Simplicidad. "Y usted tiene el remedio en su propia cocina". Es ilógico pensar que los productos que consumimos habitualmente -sal, azúcar, manzanas, limones, carbonato, uvas...- nos curen de tantas cosas de las que no nos curaban antes de este descubrimiento. Como si les hubieran avisado apenas que tienen que volverse sanos y curativos.

Cuando la alquimia era usada principalmente para convertir la tierra en oro, la gente utilizaba plantas para mejorar su salud. Con la evolución de la ciencia, se han llegado a sintetizar las sustancias presentes en dichas plantas para administrarlas de una forma más eficaz y controlada. Y se crean nuevos compuestos y se analizan nuevos usos. Existen, es cierto, plantas que por sí solas nos ofrecen el remedio para algunos malestares. Pero son minoría. Y muchas también nos ocasionan nuevos malestares.

La ciencia refina el conocimiento empírico, haciendo de éste un conocimiento científico. Aprender cómo funciona cada componente para entender por qué actúa de tal forma todo el compuesto. Y las variantes que existen por las diversas combinaciones de dichos componentes. Ya sea en un fármaco, en un algoritmo, en un programa computacional o en el universo mismo.

Antes de creerlo, pregúntese ¿es verdad que M contiene N, y que N hace P? ¿Existe otra forma de encontrar N, además de esta que me presentan? 

Conclusión.

Generalmente, cuando una información es mentira, no responde satisfactoriamente a estas preguntas. Quedan lagunas. Lagunas que, generalmente, la verdad de la Ciencia sí responde. O intenta responder de la mejor forma posible.

Al buscar una verdad ulterior, la Ciencias se apoya en las verdades ya existentes, para refutarlas o para reafirmarlas. Y son todas estas verdades las que construyen La Gran Verdad a la que la Ciencia quiere llegar.

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